miércoles 8 de febrero de 2012

Emplatar y poner en valor

El otro día leí en un blog, no encuentro ahora el enlace, una crítica en mi opinión muy conservadora con ciertos términos en boga ahora. ¡Seamos correctos con el lenguaje, pero no inmovilistas! Perdón por el calentón, hace tiempo que no escribo por aquí y ando un poco en baja forma. Un lenguaje estático, encorsetado, pacato, es un puto coñazo y un empobrecimiento cultural. Perdonen de nuevo este giro hacia lo grueso, aunque estoy seguro que Don* Antonio Martín Ortiz entenderá mis exabruptos, con los que espero esté de acuerdo.

Puede que muchos de mis fieles lectores comulguen con el fondo de este post, pero quizá no tanto con los ejemplos que voy a poner, lo que en realidad significa que no están de acuerdo con este post. Las divergencias de opiniones son siempre bienvenidas, ni que decir tiene. Porque voy a romper una lanza en favor de dos polémicos vocablos, presentes en los tiempos recientes en los medios de comunicación, tradicionales, y en sus formatos electrónicos y de difusión 'on-line'.
A saber:

-Emplatar
-Poner en valor

Resulta que ahora lo esnob es decir que uno está hasta la coronilla de estos vocablos y que hay que ver qué mal se habla y a dónde vamos a parar. Pues mire usted, que diría cierto papanatas que vive en La Moncloa, son dos palabras que añaden matices, y que rellenan un hueco léxico muy valioso. No es lo mismo 'servir' que 'emplatar', y me ahorran ustedes que diga por qué es distinto. Los matices son evidentes.

Y no me parece lo mismo, o no me suena igual, 'valorar' que 'poner en valor'. Valorar es ver las cualidades de algo; 'poner en valor' añade un matiz de reivindicación, de algo no lo suficientemente tenido en cuenta, que me parece interesante.

Debo poner en valor el arte de mi sobrino al emplatar la lubina al horno.

No es lo mismo que:

Debo valorar el arte de mi sobrino al servir la lubina al horno.

¿O sí?

Buenas noches,
Mario




jueves 11 de agosto de 2011

Gente 'rallada'


Leo en internet frases como "Me rallo y me voy a Londres". En las bolsitas de queso parmesano Kraft leemos queso rallado. Quizá por ahí venga la confusión. Pero a lo que se refiere esa juventud que se va a Londres creyendo encontrar ahí salida a sus frustraciones es a las rayaduras mentales. Estas vienen de raya, como las rayas de cocaína, que dejan tantos cerebros trastocados a veces de modo crónico. No es lo mismo, entonces, una raya, que una ralla, que no sé qué diablos significa.

El queso, rallado. En Londres, nos rayamos. Y a la vuelta, ni te cuento.


martes 5 de abril de 2011

Las putas comillas

Perdón por tan vehemente, incluso vulgar, epígrafe, pero es que ya está bien. Llevo sufriendo décadas, en todas las editoriales posibles aunque con especial contumacia las de Seix-Barral y Anagrama, el uso anárquico de las comillas.

Siempre he tenido para mí que, coño, después de ellas va el punto y seguido, y no al revés, pero la tenía como una norma de esas mías, atinada, pero quizá sin el refrendo académico necesario.

Hoy he acudido, mi sobrino mediante, a la Fundéu BBVA, que está haciendo lo que la remolona RAE no ha hecho en siglos, que no es otra cosa que ponerse las pilas, para que me aclararan tan delicado pero relevante asunto. Y esto es lo que he encontrado, una muy valiosísima información:

Sin embargo, cuando un texto entrecomillado acabe en punto, este se escribirá detrás de las comillas de cierre:

Imagen:si.png Juan dijo: «Ya no aguanto más. Necesito unas vacaciones urgentemente». Desde entonces, no he vuelto a verlo.
Imagen:no.png Juan dijo: «Ya no aguanto más. Necesito unas vacaciones urgentemente.». Desde entonces, no he vuelto a verlo.
Imagen:no.png Juan dijo: «Ya no aguanto más. Necesito unas vacaciones urgentemente.» Desde entonces, no he vuelto a verlo.

Estoy harto de ver cómo los editores se pasan por los santos cojones esta norma, que a mí entender deja poco lugar a la ambigüedad. Y leo, precisamente antes de escribir este post, lo siguiente, en 'Bartleby y compañía', que edita Quinteto:

«...sueño en vida y sueño al dormir, que también es vida...»

y tan solo una página después, es decir, falta de criterio absoluta, leo esto:

«La dignidad de la inteligencia reside en reconocer que está limitada y que el universo se encuentra fuera de ella.»

Peor, imposible.

jueves 17 de marzo de 2011

Erratas nucleares

La prensa, que es la que debe velar por el lenguaje porque de la RAE poco cabe esperar, hace lo que puede. En ciertos temas de corte científico queda patente que el Periodismo es, a menudo, ese complicado ejercicio de escribir sobre lo que no se sabe haciendo como que se sabe. Es decir, un despropósito.

A cuenta de esto que comento, me escribe un lector, a través de la red social Facebook, con no poca (y justificada) indignación, que se desbordó con la lectura de este artículo publicado en El País que, por lo visto, es una colacción de dislates.

Reproduzco su contenido, que me ha parecido de gran interés. Debido a mi formación en Letras, este tipo de detalles no están a mi alcance, así que agradezco enormemente la deferencia del señor lector, y su ojo de centinela lingüístico, que no debe abandonar al amante de nuestro sufrido español o castellano.

Buenas tardes,
MM

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Hola *Don Mario:

Llevo sufriendo en silencio muchos años el hecho de que en los periódicos confundan vatios (W) con voltios (V), vatios por hora (W/h) con vatios hora (Wh), milivatios (mW) con megavatios (MW)... No son erratas, no son deslices y se dan en todos los periódicos que he leído.

Creo que no es mucho pedir que el redactor se i
nforme un poco sobre el tema antes de escribir, cosa que por otro lado no haría falta si leyera su factura eléctrica, y así ilustre al lector.

Así pues apelo a su sabiduría y a su popularidad para que me ayude a propagar estas pequeñas nociones. Y para que quede constancia de lo que aquí afirmo valga este artículo que reune muchas, si no todas las erratas enumeradas. http://www.elpais.com/articulo/internacional/mapa/nuclear/mundo/elpepuint/20110314elpepuint_15/Tes

Muchas gracias *Don Mario. Le saluda atentamente,

Julio Pascual Miqueléiz

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Y ya que estamos, aprendamos también que no es lo mismo fusión (de fusionar) nuclear (de núcleo atómico) que fusión (de fundir) del núcleo (de la central), y que las centrales nucleares no sufren explosiones nucleares, si acaso, explosiones.

JPM

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lunes 31 de enero de 2011

¿Y la coma?

Me canso de comprobar cómo los autores de narrativa castellana actual se pasan por el arco del triunfo la coma que sigue a todo complemento circunstancial de tiempo.

Me pasó con la recomendable 'Anatomía de un instante', de Javier Cercas, novela que me irritó sobremanera por esa sangrante omisión. Uno se harta de encontrarse frases inexplicablemente huérfanas de comas, como esta (p. 39):

-En el golpe del 23 de febrero se engarzan dos cosas...

Cuando lo correcto es:

-En el golpe del 23 de febrero, se engarzan dos cosas...

Leo ahora un novelón que me ha regalado mi sobrino, 'La última estación', de un joven llamado Use Lahoz, y que me está entreteniendo bastante, por cierto. En la página 181, doy con el mismo error:

-Dos días después de la boda imaginaria Candela Paz esperaba...

Cuando sería mucho más acertado y grato para el lector haber escrito:

-Dos días después de la boda imaginaria, Candela Paz esperaba...


En la primera y errónea frase, se produce un raro efecto al juntarse las palabras imaginaria y Candela, sin la pausa que toda coma trae, dando un respiro al lector. No son pocas las ocasiones en que se cae en graves equívocos por esta omisión de la coma. Estarán conmigo en que la segunda oración es mucho más recomendable y coincidirán conmigo también en invitar a los señores escritores actuales a revisar los manuales de gramática de la enseñanza general básica.

No se coman las comas, por favor.

Buenos días,
Mario


miércoles 6 de octubre de 2010

Los títulos de los libros

Necesitamos más sangre, porque la letra parece que no entra si no es por vía coercitiva. Vengo indignado de un blog sobre libros en que escriben los títulos de los mismos sin ningún signo que los diferencie del resto de términos. Así, se cae en la confusión, en la ambigüedad, en la vaguedad y en la falta al respeto del lector.

Si leemos...

El tipo que odiaba todo de Marcos Estévez

...no sabemos si el título lo forman las ocho palabras o es que, simplemente, es 'El tipo que odiaba todo' (y así es, porque Marcos Estévez es el autor de ese hipotético libro).

Capítulo aparte es esa omisión flagrante de las comas, que evitaría la confusión de la que hablo.

Por otra parte, desde esta humilde bitácora me gustaría animar a los usuarios de redes sociales, así como a los periodistas y a todos aquellos cuyos mensajes tengan un mínimo de difusión a usar las comillas simples al hablar de libros en detrimento de las dobles, indicadas para las citas o declaraciones. Quedan más elegantes, no saturan el ojo y está mejor así.


'Cien años de soledad'

mejor que

"Cien años de soledad"


Buenos días,
Mario

viernes 13 de agosto de 2010

Cuando menos / Cuanto menos

Ignoro si escribí ya sobre este tema; la señora El Patio, más atenta y con la cabeza más fresca que yo, podrá darme un toque de atención si incurro en la repetición. No obstante, no está de más insistir en ciertos temas, así que si algún asunto se me cuela por partida doble, como ocurrió con aquello de las digresiones, no pasa absolutamente nada. Al contrario. Prefiero siete pelucas a calvo, y tres tazas a ninguna, por mencionar a nuestro vasto acervo popular.

El tema de hoy alude a la delicada expresión cuando menos, que numeros castellanoparlantes confunden con la errónea cuanto menos. El otro día, leyendo una página de El Mundo (que es diario ponzoñoso y mistificador que intento no leer jamás, pero que no tuve más remedio que ojear, y hojear, por ser el único periódico que encontré en El Comercial), me topé con un artículo de una tal Elena Serrano (grabé a fuego en mi saturada memoria el nombre de la desdichada redactora) que caía en tan nefando error.

Aquel espectáculo era, cuanto menos, bochornoso.

Algo así venía a decir la redactora, intuyo que becaria, cuando en realidad quería decir:

Aquel espectáculo era, cuando menos, bochornoso.

El adverbio cuanto, en la construcción cuanto menos / cuanto más, se aplica, pero en otros casos. Me viene a la mente una canción de uno que era pariente de El Fary, creo que hijo, que decía:

Y cuanto más acelero (más calentito me pongo)...

La canción, si bien algo vulgar, estaba correctamente construida. No nos pongamos calentitos y escribamos con rigor, si no es mucho pedir.

Buenas tardes,
Mario