miércoles, 6 de octubre de 2010

Los títulos de los libros

Necesitamos más sangre, porque la letra parece que no entra si no es por vía coercitiva. Vengo indignado de un blog sobre libros en que escriben los títulos de los mismos sin ningún signo que los diferencie del resto de términos. Así, se cae en la confusión, en la ambigüedad, en la vaguedad y en la falta al respeto del lector.

Si leemos...

El tipo que odiaba todo de Marcos Estévez

...no sabemos si el título lo forman las ocho palabras o es que, simplemente, es 'El tipo que odiaba todo' (y así es, porque Marcos Estévez es el autor de ese hipotético libro).

Capítulo aparte es esa omisión flagrante de las comas, que evitaría la confusión de la que hablo.

Por otra parte, desde esta humilde bitácora me gustaría animar a los usuarios de redes sociales, así como a los periodistas y a todos aquellos cuyos mensajes tengan un mínimo de difusión a usar las comillas simples al hablar de libros en detrimento de las dobles, indicadas para las citas o declaraciones. Quedan más elegantes, no saturan el ojo y está mejor así.


'Cien años de soledad'

mejor que

"Cien años de soledad"


Buenos días,
Mario

viernes, 13 de agosto de 2010

Cuando menos / Cuanto menos

Ignoro si escribí ya sobre este tema; la señora El Patio, más atenta y con la cabeza más fresca que yo, podrá darme un toque de atención si incurro en la repetición. No obstante, no está de más insistir en ciertos temas, así que si algún asunto se me cuela por partida doble, como ocurrió con aquello de las digresiones, no pasa absolutamente nada. Al contrario. Prefiero siete pelucas a calvo, y tres tazas a ninguna, por mencionar a nuestro vasto acervo popular.

El tema de hoy alude a la delicada expresión cuando menos, que numeros castellanoparlantes confunden con la errónea cuanto menos. El otro día, leyendo una página de El Mundo (que es diario ponzoñoso y mistificador que intento no leer jamás, pero que no tuve más remedio que ojear, y hojear, por ser el único periódico que encontré en El Comercial), me topé con un artículo de una tal Elena Serrano (grabé a fuego en mi saturada memoria el nombre de la desdichada redactora) que caía en tan nefando error.

Aquel espectáculo era, cuanto menos, bochornoso.

Algo así venía a decir la redactora, intuyo que becaria, cuando en realidad quería decir:

Aquel espectáculo era, cuando menos, bochornoso.

El adverbio cuanto, en la construcción cuanto menos / cuanto más, se aplica, pero en otros casos. Me viene a la mente una canción de uno que era pariente de El Fary, creo que hijo, que decía:

Y cuanto más acelero (más calentito me pongo)...

La canción, si bien algo vulgar, estaba correctamente construida. No nos pongamos calentitos y escribamos con rigor, si no es mucho pedir.

Buenas tardes,
Mario

martes, 13 de julio de 2010

Las plazas son minúsculas

Durante el comienzo del estío, me distraigo viendo los encierros de los Sanfermines de Pamplona. Como soy de mal dormir, a esas horas ya he cumplido con mi ración diaria de crucigramas, he alimentado a un jilguero que me acaba de regalar mi sobrino y he quitado el polvo a las obras completas de Gracián. Hoy, leyendo la prensa electrónica, he dado con un titular de estos que me horrorizan. La alcadesa de Pamplona, una mujer que me parece cursi hasta decir basta (Baroja ya decía que Pamplona era cursi, aparatosa, cursi y clerical, y perdón por el pleonasmo), dice que bajó a celebrar el gol (de Iniesta) a la Plaza del Castillo. Ella, cursi o no, ha dicho plaza, no Plaza, pero el redactor, otro cateto mal pagado, ha puesto Plaza. La susodicha plaza tendrá su novela y todo, Plaza del Castillo, escrita por el padre, si no me equivoco, de ese impresentable de Intereconomía que llamó "zorra" y "guarra" a una política catalana por unos temas de divulgación de tipo sexual.

Me enrollo. Las plazas, calles, avenidas, costanillas, cuestas, pasajes, pasadizos, calzadas y carreteras varias van siempre con minúscula. Son nombres comunes, la mayúscula la pondremos después. Ejemplo:

Estoy en la calle Serrano.

No es tan difícil, ¿no?



lunes, 5 de julio de 2010

Es Sanfermines

Leo con la poca indignación que aún me queda un artículo sobre los Sanfermines, festejos en mi opinión propios de mamarrachos más que de personas. Que una cosa es emborracharse, y otra hacerlo con gracia, y la fiesta pamplonica dista mucho de tener una virtud en vías de extinción: la elegancia.

Bien. El artículo de ABC bascula entre los sanfermines y los San Fermines. ¿En qué quedamos? Contradecir el libro de estilo de uno mismo, aunque sea errado, es ya el colmo. Son Sanfermines, señor redactor, como las Navidades. Con mayúscula y todo junto. ¿Por qué? Porque lo dice Mario Moliner, y a tomar viento.

Y, además, tengo razón.

jueves, 20 de mayo de 2010

Es gerifalte, aunque nos pese

Leo últimamente, en mis lecturas distantes de la prensa atrasada, la palabra 'gerifalte' y la veo escrita de los dos modos posibles, esto es, el correcto y el incorrecto. El correcto, gerifalte, el incorrecto, jerifalte. Tal cual.

Qué nos dice el DRAE sobre la palabra. Hay dos acepciones, siempre en sentido irónico, para las que se usa el término:

gerifalte.

(Del fr. ant. girfalt, gerfalt, o del prov. gerfalt, gerfalc, y estos del nórd. geirfalki, de geiri, objeto en forma de dardo, y falki, halcón, por las listas semejantes a flechas de su plumaje).



1. m. Halcón de gran tamaño, que vive ordinariamente en el norte de Europa.
2.
m. Persona descollante en cualquier actividad. U. m. en sent. irón.
3.
m. Pieza antigua de artillería, especie de culebrina de muy poco calibre.
4.
m. coloq. Jefe, autoridad. U. m. en sent. irón.

Vemos pues, que es un término de origen complejo y rico, mucho más que una deformación despectiva de 'jefe'. Y aunque la tendencia natural nos arrastre hacia el jerifalte, por aquello de ser fieles a la jota, me temo que es voz incorrecta.

Ojalá pudiéramos eliminar a todos los jefes, a todos los gerifaltes del mundo. Complicado asunto, ¿verdad, Don* Antonio? Hasta entonces, escribamos bien sus voces irónicas, qué remedio.

Buenas noches,
Mario

jueves, 15 de abril de 2010

Franco era menudo, menudo hijo de puta

Los ismos, van con minúscula. Cubismo, marxismo, leninismo, expresionismo, impresionismo, naturismo, consumismo. No hagamos grande a aquel estático movimiento de aquel pequeño hijo de la gran puta que nació en Galicia. Con perdón para su inocente madre.

Escribamos 'franquismo' y no 'Franquismo', por favor.




http://www.rtve.es/mediateca/videos/20100415/entrevista-a-uno-abogados-denuncia-argentina-genocidio-del-franquismo/745212.shtml

jueves, 8 de abril de 2010

Las digresiones, sin ese, por favor

digresión.

(Del lat. digressĭo, -ōnis).


1. f. Efecto de romper el hilo del discurso y de hablar en él de cosas que no tengan conexión o íntimo enlace con aquello de que se está tratando

Esta tarde, después de la lectura de Arte de ingenio, tratado de la agudeza, del maestro Gracián, me ha quedado un grato sabor de boca. Después, en mala hora, he metido la cabeza por unos de esos blogs escritos a trompicones y se me ha amargado un poco la jornada al toparme con una dura pero no poco habitual falta: disgresión.

Al infractor le haría escribir mil veces, en la pizarra, la voz correcta:

digresióndigresióndigresióndigresióndigresióndigresión digresióndigresión
digresióndigresióndigresióndigresióndigresión digresióndigresióndigresióndigresión
digresióndigresión digresióndigresióndigresión

jueves, 18 de marzo de 2010

La i en el exilio

Ahora resulta, y tal vez fue así, que los intelectuales y demás que se exiliaron no vivían tan mal, como ojeo en un ensayo de Jordi Gracia, titulado A la intemperie. Pensemos en Francisco Ayala, Altolaguirre o Luis Buñuel. Que vivían mejor en México y en Estados Unidos, en Argentina, que en el Madrid de la carcundia del generalito. A su aire, libres, y con la vitola de un cierto victimismo heroico que, oye, ni tan mal.

Estas buenas gentes se exiliaron con todas las letras y, pese a que se adaptaron a las nuevas coordenadas, a más de uno no le hizo ni maldita la gracia. No se exilaron, no fuercen a la i al exilio, almas de cántaro.

Me he ido algo por las ramas. Pero la lección es clara. Los intelectuales españoles republicanos se exiliaron tras la guerra civil, no se exilaron. ¿Por qué? Porque lo digo yo. También porque viene del latín, exilium, y porque la RAE apuesta por la fórmula exiliar, que no exilar.

Buenas tardes,
Mario

jueves, 25 de febrero de 2010

Lo mismo está mal

"En Haití empiezan a brotar negocios que lo mismo venden electricidad para móviles que botes de leche concentrada".

Leído en El País. A mí me ha sonado a rayos; me suena a rayos en el lenguaje coloquial, como para no hacerlo en el escrito, en el periodístico. No sé a ustedes. Desarrollaré esta idea más adelante, ahora tengo que ir a hacerme unos análisis (de sangre).

Buenos días,

Mario

*************

Ya he vuelto. Estoy un poco mareado, así que no me detendré en siseantes argumentaciones. 'Lo mismo' es un vulgarismo, perdón por la rima interna, como una catedral. Y los vulgarismos, en prensa, justitos. Menos aún, en un subtítulo. 'Lo mismo' es una contracción que ha creado el lenguaje oral en aras de una economía lingüística. Pero no es correcto, no y no. ¿Por qué no? No tiene concordancia, para empezar. Es un injerto, un anacoluto, un bodrio.

Les dejo, dispénsenme.

Buenos días otra vez,

Mario

lunes, 15 de febrero de 2010

Plausible no es posible

No sé qué diantre (mejor que diantres) pasa con esta palabra, que no hay quien la oiga bien dicha. Más de algún petimetre considera que este adjetivo es una versión culta, esnob, chic, distinguida, interesante, encantadora del término posible.

-¿Qué tal la entrevista de trabajo? ¿Le contratarán?
-Lo veo plausible, ciertamente.*

*Quiso decir posible.

A menudo, ay, santa paciencia jobiana, asistimos a este tipo de tontadas lingüísticas, en boca de sujetos a los que habría que dar algún que otro correctivo. Un tomo del DRAE tirado con saña al cogote, se me ocurre, como poco. Huelga decir, o no huelga tanto, que plausible no significa posible, sino:

1. adj. Digno o merecedor de aplauso.

2. adj. Atendible, admisible, recomendable. Hubo para ello motivos plausibles.



Entiendo que es posible meterse esta leccioncita en la mollera. Será plausible si todo el mundo lo hace.

Buenos días,
Mario

domingo, 24 de enero de 2010

Agua y aguas

No sé si me repito porque a mi edad, y con esta cabeza, no tengo claro si ya escribí o no escribí sobre tal asunto. Por suerte, cuento con lectores atentos y sagaces que no tendrán reparo en darme un toque de atención si cayera en ese bucle temático. Saludo, por cierto, a los nuevos compañeros que se suman con sus comentarios a esta humilde bitácora de neófito internauta.

Bien. Hoy quería escribir, siempre azuzado por la prensa y sus dislates, sobre la diferencia entre hacer agua y romper aguas. Como todo el mundo sabe, la expresión 'romper aguas' hace referencia a ese momento tenso en que la mujer embarazada sabe que la cosa va en serio y que, en efecto, el bebé ya está al caer, nunca mejor dicho. 'Hacer agua', en cambio, es un término del universo naútico que viene a decirnos que la embarcación corre serio riesgo de hundimiento, pues por algún boquete entra el líquido elemento, dando al traste con la milagrosa fuerza del empuje.

Dos conceptos claros pero que, a veces, con las prisas y la ignorancia conjuradas, dan lugar a un triste engendro: 'Hacer aguas'.

MAL. Es hacer agua. Y romper aguas.

Buenas noches,
Mario