jueves, 18 de marzo de 2010

La i en el exilio

Ahora resulta, y tal vez fue así, que los intelectuales y demás que se exiliaron no vivían tan mal, como ojeo en un ensayo de Jordi Gracia, titulado A la intemperie. Pensemos en Francisco Ayala, Altolaguirre o Luis Buñuel. Que vivían mejor en México y en Estados Unidos, en Argentina, que en el Madrid de la carcundia del generalito. A su aire, libres, y con la vitola de un cierto victimismo heroico que, oye, ni tan mal.

Estas buenas gentes se exiliaron con todas las letras y, pese a que se adaptaron a las nuevas coordenadas, a más de uno no le hizo ni maldita la gracia. No se exilaron, no fuercen a la i al exilio, almas de cántaro.

Me he ido algo por las ramas. Pero la lección es clara. Los intelectuales españoles republicanos se exiliaron tras la guerra civil, no se exilaron. ¿Por qué? Porque lo digo yo. También porque viene del latín, exilium, y porque la RAE apuesta por la fórmula exiliar, que no exilar.

Buenas tardes,
Mario