jueves, 8 de abril de 2010

Las digresiones, sin ese, por favor

digresión.

(Del lat. digressĭo, -ōnis).


1. f. Efecto de romper el hilo del discurso y de hablar en él de cosas que no tengan conexión o íntimo enlace con aquello de que se está tratando

Esta tarde, después de la lectura de Arte de ingenio, tratado de la agudeza, del maestro Gracián, me ha quedado un grato sabor de boca. Después, en mala hora, he metido la cabeza por unos de esos blogs escritos a trompicones y se me ha amargado un poco la jornada al toparme con una dura pero no poco habitual falta: disgresión.

Al infractor le haría escribir mil veces, en la pizarra, la voz correcta:

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7 comentarios:

  1. Buenas noches, don Mario,

    Celebro con enorme alegría que haya Vd., haciendo una digresión, salir de su prolongado silencio, debido, quizá, a estos días de meditación y recogimiento que representan, para muchos, que no para mí, la Semana Santa.

    Brevemente seguirá mi acostumbrado comentario, meditado y bien meditado, pero ahora confórmese Vd. con estas breves palabras, porque no voy a hace una digresión en mi inveterada costumbre de irme a dormir tempranito.

    Que duerma Vd. bien, Don Mario.

    Cordialmente,

    Don Antonio

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  2. Magnífico, Don* Antonio. ¡Pero no me convierta Vd. en rey! Recuerde que mi tratamiento, mi don, es siempre con minúscula.

    Que duerma usted bien y póngame a los pies de su señora.

    Buenas noches,
    Mario

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  3. Don Mario,

    Es que no hay quien pueda con Vd., don Mario.

    Bueno, renuncio a la mayúscula para el tratamiento con Vd., pero sepa Vd., don Mario, que lo hago por respeto, pero sin ganas de hacerlo.

    Buenas noches, don Mario.

    Don Antonio

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  4. Don Mario, ya en agosto del 2009 nos deleitó usted con similar post, pero no importa, los hay tan zoquetes -incluyome- (y zoquetas, según Aído) que, aunque nos lo metan con un cucharón, erramos y erramos sin parar, para exasperación de usted. Gracias por la insistencia.
    Y otra cosa, hay unos versos (reconocerá a Neruda) que dicen: Me gusta cuando callas porque estás como ausente... Pues a mí no me gustan ni sus "calladas" ni sus largas ausencias, don Mario. ¿No me diga que hasta hoy no ha tenido nada sobre lo que echar chispas? ¿Es desgana? ¿Astenia primaveral, que viene a ser lo mismo que la desgana pero suena más interesante?
    Reciba usted un cordial saludo.

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  5. Vaya, doña Patio, me deja usted con un soponcio, como se dice coloquialmente, de aúpa. Temía que esto pudiera llegar a ocurrir, porque mi cabeza es más un "descolado mueble viejo" que otra cosa, pero vaya. Me inquieta, estimada amiga, se lo digo con toda sinceridad.

    Quien pudiera gozar de esa juventud y lozanía suyas, que le hacen asociar en breve lapso de tiempo ambos articulitos, y señalar certera y pertinentemente mi patinazo.

    Nos queda cada vez menos...

    Buenas noches,
    Mario

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  6. Estimado don Mario, desde el mismito instante en que nacemos nos queda cada vez menos. Pero no se inquiete, maestro, yo no me acuerdo de lo que cené anoche. Mi certera asociación se debe a que leo y releo mis enlaces veinte veces al día, incluyéndome a mí (soy mi más fiel seguidora), aunque no actualicen. Leo lo escrito, incluido entre líneas, y los comentarios de todos los seguidores, que aportan desde sanas risas, sapiencia a raudales y filosofías que a veces no alcanzo a entender, pero disfruto con ello, es un entretenimiento como otro cualquiera. Huelga decir, sin modestia pero humildemente, que siempre he tenido memoria de elefante.
    Y usted no es un "descolocado mueble viejo", usted es un sillón de la Biblioteca de Alejandría.
    Reciba usted un afectuoso saludo.

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  7. "Descolado", "descolado", como en el tango de Gardel. No me "descoloque" usted, señora mía.

    Le agradezco enormemente sus cálidas palabras.
    Que tenga un buen día.

    Mario

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