jueves, 20 de mayo de 2010

Es gerifalte, aunque nos pese

Leo últimamente, en mis lecturas distantes de la prensa atrasada, la palabra 'gerifalte' y la veo escrita de los dos modos posibles, esto es, el correcto y el incorrecto. El correcto, gerifalte, el incorrecto, jerifalte. Tal cual.

Qué nos dice el DRAE sobre la palabra. Hay dos acepciones, siempre en sentido irónico, para las que se usa el término:

gerifalte.

(Del fr. ant. girfalt, gerfalt, o del prov. gerfalt, gerfalc, y estos del nórd. geirfalki, de geiri, objeto en forma de dardo, y falki, halcón, por las listas semejantes a flechas de su plumaje).



1. m. Halcón de gran tamaño, que vive ordinariamente en el norte de Europa.
2.
m. Persona descollante en cualquier actividad. U. m. en sent. irón.
3.
m. Pieza antigua de artillería, especie de culebrina de muy poco calibre.
4.
m. coloq. Jefe, autoridad. U. m. en sent. irón.

Vemos pues, que es un término de origen complejo y rico, mucho más que una deformación despectiva de 'jefe'. Y aunque la tendencia natural nos arrastre hacia el jerifalte, por aquello de ser fieles a la jota, me temo que es voz incorrecta.

Ojalá pudiéramos eliminar a todos los jefes, a todos los gerifaltes del mundo. Complicado asunto, ¿verdad, Don* Antonio? Hasta entonces, escribamos bien sus voces irónicas, qué remedio.

Buenas noches,
Mario

10 comentarios:

  1. Joder, don Mario, qué descoloque. Hoy aparece usted con un lavado de cara y colocado a mi diestra. En fin, celebro ver que lo que le puede haber llevado tanto tiempo en hablarnos de gerifaltes haya sido un cambio de habitación, y no un serio problema de salud, entiéndame, es deformación profesional, cuando alguien de su edad (ahórrese mandarme a hacer puñetas) tarda en aparecer por mi consulta, me temo lo peor.
    Pero no, su salud es inquebrantable, como su despejada cabeza. Lo celebro.
    Diría que rara vez he escrito esa palabra, la digo más que la escribo. Confieso que tengo una sería dislexias con la "G" y la "J", imperdonable, pero no me entra la norma en la cabeza, si es que la hay. Tras su sabia explicación, como siempre, no creo que ose confundirlas en ésta... nada que ver con "jefe", entendido. ¿Mejor lider que jefe? Lo digo porque hay rebaños que es mejor guiar, como los deje usted sueltos lían la de muy señor mío.
    Tenga usted muy buen día.

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  2. Muchas gracias, señora Patio, siempre tan amable y certera. Eso de 'líder' es un extranjerismo que hemos asumido ya, pero que no destrona a 'jefe', 'patrón' o incluso 'mandamás'.

    Buenos días,
    Mario

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  3. Amigo don Mario,

    En primer lugar, tengo que decirlle que me sumo a la enhorabuena y la alegría de nuestra amiga El Patio, al verlo aquí, nuevamente, con nuevo aspecto, eso sí, pero rebozante de salud y buen sentido del humor.

    Vd. ha cambiado substancialmente el aspecto de su foro: la verdad, a mí me gustaba mucho más como estaba antes, porque tenía un sabor decimonónico auténtico, vamos, que olía a papel, y ahora, seguramente por la influencia de su sobrino, Vd. se ha dejado llevar por las nuevas corrientes, más juveniles, más aireadas. Ya sólo le falta convertirse en un internauta de tomo y lomo, de esos que se descargan Megas y Gigas en música, como si de sacos de cemento se tratase.

    Asumo el reto que Vd. me lanza:

    Ojalá pudiéramos eliminar a todos los jefes, a todos los gerifaltes del mundo. Complicado asunto, ¿verdad, Don* Antonio? Hasta entonces, escribamos bien sus voces irónicas, qué remedio.


    [Entre paréntesis, don Mario, lo correcto, para Vd. es escribir *Don Antonio, no Don* Antonio: el asterisco antes de la palabra y no después].

    Vd., don Mario, me ha leído el pensamiento. Yo, a lo largo de mi vida, he tenidos unos cuantos jefes, inútiles todos e ignorantes, auténticos gerifaltes que no sabían dónde tenían la cara ni nada, individuos sin mérito alguno, pero eso sí, hijos de papá, o lo que es peor, hijos de mamá.

    Por mí se pueden ir todos los gerifaltes o jefes a la mierda, vamos, que no los echaría a faltar. Un jefe auténtico, para serlo con propiedad, tiene que reunir una serie de características bien definidas:

    - Ser un imbécil, rastrero, lameculos y adulador de profesión.
    - Ser más ignorante que sus propios dependientes, pero creerse exactamente lo contrario.
    - Estar capacitado para dar órdenes totalmente absurdas.
    - No permitir que a su lado haya nadie que le pueda hacer la más mínima sombra.

    Quede claro que me refiero al auténtico gerifalte, al jefe nombrado a dedo, no a los que tienen un puesto de relevancia porque se lo han ganado con su tesón, su esfuerzo, y su inteligencia.

    En mis tiempos juveniles, porque yo empecé a trabajar muy pronto, yo tuve auténticos gerifaltes de raza ibérica, que es la peor de todas, y compuesta de individuos mucho más ignorantes. Imagínese Vd. que me obligaban a poner acentos allí donde no debía haberlos, y otras cosas por el estilo. Tuve mucha suerte de que esas estupideces y violencias no me dejaran traumatizado, pero, se lo aseguro, me tuve que tragar muchos sapos, porque, de hacer lo que me apetecía, los hubiera mandado a todos a la mierda, con la consecuencia lógica de que habría sido yo despedido inmediatamente.

    Le he hablado del ambiente que reinaba en las entidades bancarias en los años setenta.

    Creo que por hoy es suficiente.

    Que tenga Vd. un buen día.

    Un cordial saludo para Vd., don Mario, y mis respetos para nuestra común amiga, Señora El Patio.

    Don Antonio

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    1. Buenos días. Mi abuelo, que era un filósofo natural, cuando terminó la Guerra Civil Española y harto de las barbaridades de ambos bandos decía: "Qué malos eran los rojos. Y cómo serán éstos, que les han podido".

      Si en la década de los 70 el ambiente que reinaba en las entidades bancarias era el que usted describe, podemos imaginarnos como ha sido en las décadas posteriores y sobre todo, desde el principio del siglo XXI. No creo que sea necesario argumentar mucho más, por ser de sobra conocidas las prácticas en cuanto a créditos por amiguismo, venta de preferentes, etc.

      Habría que inventar una nueva palabra para describir a los gerifaltes promotores de la quiebra de las Cajas de Ahorros, pues aunque "gerifaltes" en su significado quinto en el diccionario de la RAE, dice: " Persona que roba", no es suficiente para calificar además, tanta desvergüenza, iniquidad, ambición, avaricia, insensibilidad, egoísmo, etc.

      Tal vez podría ser "Jerifalte" con J.

      Un cordial saludo.

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  4. Antes de que Vd., don Mario, me corrija, me corrio yo a mí mismo.

    Donde dije

    tengo que decirlle

    quise decir

    tengo que decirle

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  5. ¡Coño! ¡Esto de los teclados es la hostia consagrada! ¡Es que no hay manera! Vamos, que hoy no es mi día.

    Donde dice

    me corrio yo a mí mismo.

    debe decir

    me corrijo yo a mí mismo.

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  6. ¡Caray!, Don (sin asterísco) Antonio, dichosos los ojos. Empezaban también a inquietarme sus ausencias, pero ya veo que irrumpe usted en su línea de siempre, tan metódico, y con tan exquisita exposición. También lo celebro.

    Menos mal que ha dejado de echar pestes sobre los jefes (no sé si sobre las jefas se ajustan iguales impresiones), lo digo porque la que suscribe lo es, ganado a pulso, eso sí.

    Ese teclado lo mete a uno en cada follón...

    Reciba usted un cordial saludo.

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  7. *Don Antonio (gracias por la aclaración del asterisco que al final no sabía donde iba el condenado),

    Le agradezco mucho sus templazas pero en nada tibias (en el peor sentido que la tibieza pueda tener), que son como la sal a este blog que si sus intervenciones sería básicamente, ya digo, soso. Gracias.

    Y no se preocupe usted por las erratas y las traiciones del teclado, que esas se perdonan y hasta tienen un punto humano. Siempre que no se caiga en erratas memorables y peligrosas, como aquella que en lugar 'La expulsión de los moriscos' puso 'La expulsión de los mariscos', o la de 'mujer de ceño fruncido' por 'mujer de coño fruncido'.
    Que yo sepa, usted no ha incurrido jamás en tales dislates.

    También aprovecho para comentar que sí, mi sobrino ha estado enredando por las tripas de la bitácora y ha creído más oportuno un formato más "fresco", como ha dicho. Pero, diantre, yo me encontraba fresco y cómodo con el decorado de siempre, y le he impelido a restablecer el fondo antiguo.

    Buenas tardes *Don Antonio y buenas tardes también a la señora Patio, faltaría más.

    Mario

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  8. Amigo don Mario,

    Veo con satisfacción que las aguas han vuelto a su cauce. Esto es ya otra cosa. Ha recuperado Vd. su antiguo frescor y su foro está como resucitado. Desde luego que su sobrino es un genio de la Informática, porque le aseguro que no es fácil recuperar el formato antiguo cuando se ha cambiado por otro. También le agradezco sus explícitos halagos, que, con sinceridad, no me merezco en la cantidad con que Vd. me los otorga, pero, bueno, tampoco aquí le quiero llevar la contraria.

    Señora Doña El Patio,

    Quédese Vd. tranquila y siga disfrutando de su status de jefe (no me gusta la feminización innecesaria a jefa. Fíjese: femeninas son también: inteligente, valiente, deslumbrante, corriente, elegante y muchas más acabadas en –e).

    Como Vd. bien ha percibido, yo he arremetido contra los y las jefes que no se merecen serlo. Por supuesto que tengo un gran respeto y admiración por los y las jefes como Vd., quienes se han ganado el puesto y la categoría con méritos, con inteligencia, con trabajo, con buenhacer, y todo eso. Seguro que sus subordinados y sus subordinadas estarán más que satisfechos y satisfechas con la forma de proceder de Vd.

    Reciban Vds, don Mario y Señora El Patio, un abrazo y un beso, según proceda en cada caso, teniendo en cuenta la condición de género de cada uno.

    Don Antonio
    .

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  9. Don Mario, sinceramente esta habitación me gusta más, se parece a la salita de mi tía estanquera. Algún día le contaré la historia de mi tía estanquera, pero con dos pinceladas entenderá lo acogedor de aquella salita de apenas ocho metros cuadrados, en donde mi tío, un octogenario de enorme envergadura y cultísimo, de periódico diario, libros de historia, solitarios y aficionado a la papiroflexia, se pasaba la vida sentado en un gran sillón al calor de un brasero de picón. Mis tardes de domingo de mis siete años las pasaba en aquella salita interior, como si fuese una rebotica, de aquel estanco, aprendiendo a hacer pájaros de papel y aviones, o enormes torres de naipes con las cientos de cartas envejecidas que desechaba al estrenar unas nuevas en sus eternos solitarios.
    Me gusta este escenario, pero si no le importa, dígale a su sobrino que no invente, que se esté quietecico, más que nada porque una es de querencias y lleva mal tanto descoloque.

    Tenga usted muy buena noche.

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